lunes, agosto 02, 2010

La muer que quiero ser

Cuantas veces he dicho esta frase, cuantas veces la he pensado, cuantas veces he soñado con hacerla realidad. Siempre pienso que puedo ser esa mujer que me dan ganas de ser, pero cuál es esa mujer? Construirse mujer, es un camino largo, difícil en el cuál median tantos obstáculos; es difícil saber qué mujer quiero ser. Hay tantos tipos de mujeres, tan distintas, todas bellas, todas con una historia con un sentido, con un deseo. Y cuál es mi deseo, es entonces la pregunta, cuál mi deseo más profundo, qué deseo ser, qué deseo hacer, qué deseo? Difícil respuesta a una pregunta en apariencia tan sencilla, difícil pregunta cuando se entrecruzan tantas razones, tantas ideas; lo que me dice la abuela, la madre, la tía, la hermana, la profesora, la monja, el cura, el padre, el tío, el profesor, el cantante. Tantas influencias, tanto ruido exterior que es difícil acallar para introducirse en mi intimidad, en mi deseo, en mi persona. Más difícil aún, cuando la mujer que deseo ser cambia todo el tiempo, cambia con la edad, cambia con las experiencias, cambia. Por tanto, es una pregunta permanente que se mete entre mis entrañas para sacudirme el piso, para re-conectarme con lo propio de mi. Con lo propio de mi en cada momento de mi vida, en cada segundo, en cada sueño, en cada palabra. Enfrentarme a mi deseo, a mi querer ser en cada instante, en cada abrazo, en cada caricia, en cada beso, en cada pensamiento, en cada paso, en cada comida, en todas las acciones grandes y sencillas, allí está mi deseo, en todo aquello se muestra, mi deseo va conmigo como mi sombra, sin despegarse, ya que si se despega se pierde el sentido de esos actos, son actos vacíos, actos sin deseo. Es en los actos de todos los días, en donde se expresa mi ser mujer, esa mujer que construyo día a día, esa mujer que anhela, que sueña, que piensa, que desea.

Ahora, esta pregunta por la mujer que deseo ser surge con más fuerza, cuando en esa cotidianidad algo se rompe, algo se quiebra, algo sucede que se genera un espacio donde vuelve a sonar la pregunta con más fuerza. En ese quiebre del deseo, en ese quiebre de lo que antes estaba siendo. Ahora la pregunta retumba como las campanas de la iglesia, con fuerza y sentido, qué mujer estoy queriendo ser??? qué es la diferencia a mi ser mujer de antes, qué es semejante, qué deseo?? La respuesta no es simple nuevamente, se vienen a la mente todas las representaciones de mi que he ido construyendo, qué deseo?? qué espero?

Como primeras ideas surge la mujer valiente, la mujer que enfrenta lo que esta adelante, la mujer que supera las dificultades, la mujer que asume sus errores con dignidad y entereza, la mujer que se mira a la cara con verdad, la mujer que levanta la voz ante los otros defendiéndose, defendiendo su deseo. La mujer que es valiente, pero no vehemente ni osada, la mujer que es valiente porque asume sus miedo y los enfrenta con dignidad, con cautela. No aquella mujer que pasa por algo sus miedos, por tanto se “hace la valiente”, pero al final termina más herida , con más miedo, con más angustia. Y continua surgiendo la pasión, quiero ser una mujer apasionada en todos los sentidos de la palabra, apasionada por la vida, por el trabajo, por la creación, por los amigos, por la familia, por el amor. Pasión que refleja el trabajo, el espíritu de sacrificio, la intensidad en lo que hace, que hace todo completo, nada a medias, que es capaz de llegar hasta el final, pese a los costos. Pero que también es cauta, que no se arriesga de más, que sabe regularse, que sabe hasta donde dar y que puede parar cuando algo le duele, que es capaz de decir que no, que no deja que la pasen a llevar, una mujer que sabe decir que no, que sabe colocar los limites, que es capaz de amar sin dejarse atropellar, sin dejarse vapulear. Una mujer que se ama a sí misma con pasión y locura, esa misma pasión y locura con que es capaz de amar a los otros. Amor a sí misma que lleva por delante como escudo de ballata y que la protege de los egoísmos humanos, del desamor. Porque al parecer, sólo el amor por uno mismo es capaz de protegernos de los egoísmos de los demás, es la única señal de alarma que nos hace retroceder para no salir heridos. Cuando ese escudo se daña, esta mujer que quiero ser se aleja, se defiende, porque está en peligro su integridad. Es por eso, que deseo ir construyendo ese escudo, que me protege, que me de las señales de alarmas sobre cuándo alejarse, ya que los otros seres humanos están con sus lanzas de egoísmo, de desprecio, de indiferencia frente a las cuales lo que queda es la digna retirada, ese escudo del amor propio es el escudo que quiero me proteja.

También quiero ser una mujer sensible, una mujer sensible a lo humano, a todo lo que el hombre crea, al arte, al deporte a la naturaleza, a todo aquello que me nutre. Una mujer sensible a los dolores ajenos, a cuando los demás tienen herida su armadura, a cuando los demás están caminado cojos o sin rumbo en la vida, quiero ser sensible para prestarles los primeros auxilios. Pero también quiero ser realista, quiero saber en qué puedo y en qué no puedo hacer, una mujer realista, que se involucra, pero que no se daña a si misma en esto, que es capaz de darse, de donarse, pero sin despreocuparse de si, sin pasar a llevarse a sí misma.
Una mujer amada, quiero ser una mujer amada de todas las maneras posibles, por amigos, la familia y la pareja, quiero ser una mujer que es amada en lo sencillo, en lo cotidiano, sin aspavientos, en lo humilde, quiero ser una mujer que también ama, en lo cotidiano, en lo sencillo. Quiero ser una mujer amada completamente, sin “peros”, sin pequeñeces, quiero ser una mujer amada íntegramente, con ese amor apasionado y tierno, con ese amor enérgico y dulce; quiero amar completamente, apasionadamente, dulcemente, tiernamente, locamente, energética mente, quiero que se entreguen y yo entregarme a otro. Deseo que se entreguen a mi sin miedos, para yo también poder hacerlo, para poder entregar las miles de caricias, besos, abrazos, palabras, susurros, ideas pensamientos, en fin todo lo que tengo.

Deseo ser una mujer que asume su sexualidad de manera saludable, que la sume, que la integra como parte de su vida, de su existencia, como una forma de conectarse con el hombre amado, como una forma de comunicarse con aquel hombre elegido. Como una fuente de infinito placer, como una fuente de placer mutuo, como una forma de amar. Deseo tener una sexualidad libre y con respeto por los deseos, por el cuerpo propio y del otro, deseo una sexualidad seria y juguetona a la vez, deseo una sexualidad completa, cómoda, sin presiones, sin egoísmos, con goce mutuo e íntimo. Deseo que mi sexualidad que se transmita no sólo en el acto sexual, sino en todos los actos de mi vida, en el vestir, en el caminar, en el ser. Una sexualidad que trasciende el acto sexual mismo, que se entiende como una forma de vivir, de ser mujer. Que la femineidad trascienda todos los aspectos de la vida, deseo ser una mujer que muestra su ser femenino, atractivo con la mirada, con su olor, con su caminar, con su silencio, con sus palabras. Deseo ser esa mujer, que se preocupa de su ser mujer, que se interesa en su ser mujer, desde lo más accesorio hasta lo más profundo.

Quiero ser una mujer, que mira la vida desde lo alto, que mira la vida con perspectiva, sin pequeñeces, que sabe lo que quiere, qué sabe para donde va, pero al mismo tiempo quiero ser una mujer que sueña, que anhela más allá, que tiene perceptivas, que sigue deseando hasta el infinito.

Quiero ser la mujer que se re-inventa cada vez que lo necesita, que aprovecha todas las posibilidades que le da la vida, que no se arrepiente de lo que hace, quiero ser una mujer agradecida de lo que es y lo que tiene. Quiero ser una mujer que cada vez que la pista se coloca pesada se acuerda de sus esfuerzos, de sus anhelos, de sus sueños, una mujer que pese a las dificultades no renuncia a lo que ella es, una mujer que pese a los dolores es primero fiel a ella, a su esencia, a sus deseos, a su camino. Una mujer, que ES la mujer que desea ser.

domingo, agosto 01, 2010

La mujer frente al pc

Una mujer esta delante de su pc, sus manos se mueven rápidas y ligeras sobre el teclado. Sus dedos están apurados por contar su historia, por encontrar en sus recuerdos, en sus ideas las respuestas. La mujer, mira la pantalla y sus lágrimas caen suavemente por sus pómulos, apenas se sienten, pero alcanzan a nublar su vista. Sus lágrimas rememoran sus tiempos pasados y su presente. La mujer, frente a su pc mira su vida, cómo en una película, se mira cómo en un espejo de palabras que hablan de ella, de sus dolores y alegrías. La mujer se mira en ese espejo de palabras que ella misma ha creado, necesita buscar respuesta,s necesita darle sentido a las lágrimas que ruedan por sus mejillas. Frente a su pc, se da cuenta que hace ya muchos años, ni siquiera los quiere contar (le da miedo), que ningún hombre la ha amado, que no escucha ni siquiera un “te quiero”. Frente a éstas palabras se paraliza, sus dedos se detienen en la búsqueda de palabras para relatar su experiencia. Hay algo que no la deja seguir, sus manos tienen miedo de encontrar la verdad, sus manos tienen miedo de las palabras que escriben, sus manos tienen miedo de no encontrar respuestas, sus manos tienen miedo de que las palabras estén vacías.

La mujer frente a su pc quiere reconstruir su historia, quiere encontrar las explicaciones a su sus experiencias lejanas y próximas, a sus desamores. La mujer frente a su pc, escribe su historia, escribe las palabras vacías que la llenan, que le dan sentido a su pecho apretado y a las lágrimas que corren por sus mejillas. Pecho apretado, frente a sí misma , frente a su dificultad para ser amada y para amar.

Las manos de la mujer, están en el teclado, sus dedos están estáticos, tienen miedo a tocar las letras, los números, los acentos, no saben qué pueden crear. Las manos de la mujer están en blanco, mojadas por las lágrimas, mojadas de angustia, de temor, de soledad.